Regulación emocional en niños: cómo ayudarlos a manejar emociones intensas
Actualizado: 22 sept
Enojarse porque algo no salió como esperaban, llorar al separarse de mamá o papá, frustrarse al perder un juego o sentirse nerviosos ante una situación nueva son experiencias normales durante la infancia.
Los niños sienten emociones intensas igual que los adultos, pero todavía están desarrollando las habilidades necesarias para reconocer lo que sienten, expresarlo y decidir qué hacer con ello.
Por eso, regular una emoción no significa dejar de sentirla ni lograr que desaparezca rápidamente. Significa aprender, poco a poco, a atravesarla de una manera segura y encontrar formas adecuadas de responder ante ella.
Y este aprendizaje no ocurre de un día para otro. La regulación emocional se desarrolla a lo largo de la infancia con práctica, acompañamiento y muchas experiencias de corregulación.


¿Qué es la regulación emocional?
La regulación emocional es la capacidad de reconocer lo que estamos sintiendo, comprender las señales de nuestro cuerpo y utilizar diferentes recursos para responder a esa emoción.
En un niño puede verse, por ejemplo, cuando poco a poco aprende a:
reconocer que está enojado antes de pegar o aventar algo
pedir ayuda cuando algo le resulta difícil
expresar con palabras que está triste, nervioso o frustrado
hacer una pausa cuando siente que una emoción está aumentando
utilizar alguna estrategia para recuperar la calma
tolerar que algo no salga exactamente como esperaba
Estas habilidades se desarrollan progresivamente. No podemos esperar que un niño pequeño maneje una emoción intensa de la misma manera que un adulto.
Primero regulamos juntos
Antes de poder regularse por sí mismos, los niños necesitan muchas experiencias de regulación acompañados por un adulto.
Cuando una emoción es muy intensa, probablemente no sea el mejor momento para explicar, hacer muchas preguntas o intentar enseñarle una nueva estrategia. En ese momento podemos ayudar disminuyendo estímulos, hablando con calma, permaneciendo disponibles y poniendo límites cuando sean necesarios.
Podemos decir:
“Veo que estás muy enojado. Estoy aquí contigo.”
“Puedes estar enojado, pero no puedes pegar. Te voy a ayudar a parar.”
“Esto fue muy difícil para ti. Primero vamos a calmarnos y después vemos qué podemos hacer.”
Validar una emoción no significa permitir cualquier conducta. Podemos reconocer lo que un niño siente y, al mismo tiempo, mantener un límite.

5 maneras de favorecer la regulación emocional en casa
1. Ayúdalo a poner nombre a lo que siente
Antes de regular una emoción, necesitamos aprender a reconocerla.
En situaciones cotidianas podemos utilizar frases como: “Creo que te frustraste porque no salió como querías”, “Pareces un poco nervioso por entrar a un lugar nuevo” o “Te dio mucha emoción que llegara tu amigo”.
No es necesario preguntarle constantemente “¿cómo te sientes?”. También podemos ayudarlo poniendo palabras a lo que observamos.
2. Enséñale a reconocer las señales de su cuerpo
Las emociones también se sienten físicamente.
El enojo puede sentirse como calor, tensión o ganas de gritar; los nervios como cosquillas en el estómago; la tristeza como pocas ganas de hacer cosas.
Ayudar a los niños a identificar estas señales les permite empezar a reconocer una emoción antes de que llegue a su máxima intensidad.
3. Practiquen herramientas cuando esté tranquilo
Respirar lentamente, pedir ayuda, tomar una pausa, realizar algún movimiento, utilizar los sentidos o acudir a un espacio tranquilo pueden ser herramientas útiles.
Pero hay algo importante: las estrategias de regulación se enseñan y practican cuando el niño está tranquilo, no únicamente cuando ya está completamente desbordado.
Así será mucho más probable que pueda utilizarlas cuando realmente las necesite.
4. Modela cómo manejas tus propias emociones
Los niños aprenden muchísimo observando a los adultos.
Podemos hacer visible nuestro propio proceso de regulación con frases sencillas:
“Me estoy frustrando un poquito. Voy a respirar y después lo intento otra vez.”
“Necesito un momento para tranquilizarme y luego seguimos hablando.”
No necesitamos esconder todas nuestras emociones. Podemos mostrarles que sentirlas es normal y que existen diferentes maneras de responder ante ellas.
5. Hablen de lo ocurrido después
Cuando el niño ya recuperó la calma, podemos regresar brevemente a lo sucedido.
¿Qué pasó? ¿Qué sintió? ¿Qué necesitaba? ¿Qué podría intentar la próxima vez?
El objetivo no es hacer un interrogatorio ni prolongar el conflicto, sino ayudarlo a conectar
situación → emoción → respuesta → alternativa.

¿Y qué hago durante un berrinche?
Durante un berrinche intenso, nuestro objetivo principal no debería ser conseguir que el niño deje de llorar inmediatamente.
→ Primero podemos asegurarnos de que esté seguro, mantenernos disponibles, reducir la cantidad de palabras y sostener los límites necesarios.
→Una vez que la intensidad de la emoción disminuya, habrá mucho más espacio para hablar, resolver el problema y practicar otras formas de responder.
Con el tiempo y la repetición, el acompañamiento del adulto va dando paso a una mayor capacidad del niño para utilizar estas herramientas por sí mismo.
Cada niño necesita herramientas diferentes
No existe una estrategia que funcione para todos los niños ni para todas las emociones.
Algunos niños se benefician de respirar lentamente; otros necesitan movimiento, espacio, contacto físico, hablar sobre lo ocurrido o simplemente tiempo para recuperarse.
Por eso, más que buscar “la técnica para calmarlo”, podemos ayudar al niño a construir poco a poco un repertorio de herramientas y descubrir cuáles le funcionan mejor.

¿Cuándo puede ser útil buscar apoyo?
Las emociones intensas forman parte del desarrollo. Sin embargo, puede ser útil buscar orientación profesional cuando las dificultades para regularse son muy frecuentes o intensas, generan mucho malestar, interfieren significativamente en la convivencia familiar, la escuela o las relaciones sociales, o cuando las estrategias que se han intentado en casa no están siendo suficientes.
La psicoterapia infantil puede ayudar tanto al niño a desarrollar habilidades emocionales como a los padres a comprender qué hay detrás de ciertas conductas y encontrar estrategias adaptadas a las necesidades de su hijo.


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